Carlos Domingo Albini
Apóstol de Córcega
1790-1839
¡Se murió el Santo!
El 20 de mayo de 1830, en una austera celda del convento de Vico, pequeña ciudad de la Isla de Córcega, entregaba su alma a Dios este humilde religioso. La noticia de su muerte se difundió como fuego en la pólvora por toda la Isla y por todas partes se oía la misma exclamación: ¡El Santo ha muerto! ¡Ha muerto el Santo! Muy pronto la iglesia del convento, donde se había instalado la capilla ardiente, estaba abarrotada de gente. Eran personas de toda clase y condición que tenían a gala proclamar su virtud, recordar sus milagros e implorar su auxilio. Todos querían tocar su cuerpo con trozos de tela u objetos de devoción. Todos compartían el mismo sentir: un Santo había dejado la tierra. Ahora podían contar con un intercesor en el Cielo.
¿Quién era el P. Albini?
Carlos Domingo Albini descendía de una humilde familia de agricultores, en cuyo hogar la práctica de la Religión se transmitía de padres a hijos como la herencia de las tierras o la casa. La familia Albini vivía en Mentón, linda ciudad de la Costa Azul, hoy de Francia y entonces de Italia. Ahí vio la luz Carlos Domingo por primera vez el 26 de noviembre de 1790.
Desde su tierna infancia el pequeño Albini ya dejaba entrever su vocación al sacerdocio. Frecuentaba la iglesia parroquial de S. Miguel y ejercía de monaguillo, ayudando a la Misa y demás funciones religiosas con mucha piedad y fervor. El Cielo lo había favorecido con una inteligencia poco común. Enviado por sus padres a las "Escuelas Pías", no tardó en destacar como un alumno aventajado. Terminados los estudios clásicos, el joven Albini, respondiendo al llamamiento divino, ingresa en el seminario mayor de Niza. Sus formadores pronto constataron cómo se aplicaba con ahinco al estudio de las ciencias sagradas. No menor era su esfuerzo para adquirir la perfección sacerdotal.
Primeros años de sacerdocio
El sábado 17 de diciembre de 1814 Mons. Colonna d'Istria, Obispo de Niza, ordenaba sacerdote al fervoroso seminarista. Pero como había entonces abundancia de clero, Don Carlos -como se le empezó a llamar-, no recibió de su Obispo una misión determinada. Regresó a su ciudad natal y, aunque no tenía oficialmente el nombramiento de vicario parroquial ejercía como tal colaborando en total sintonía con el párroco, reservándose de preferencia los servicios más costosos, tales como acudir a las aldeas más lejanas para visitar a los enfermos y asistir a los moribundos. Pero a Don Carlos, misionero por vocación, no le bastaba el ministerio pastoral ordinario. Comienza a recorrer los pueblos de los alrededores, predicando, cateqizando, confesando y ayudando a los párrocos. Tenía un don especial para tocar los corazones. Muchos estaban convencidos de que leía las conciencias. Su Obispo decía: "Si tuviera cuatro sacerdotes del calibre de Don Albini, mi diócesis se transformaría muy pronto".
Profesor en le seminario
El Rector del Seminario de Niza, que había tenido ocasión de apreciar el saber y la virtud de este Siervo de Dios, en 1922 pidió al Obispo que se lo enviara como director espiritual y como profesor de Teología Moral. El solo ejemplo de su virtud sacerdotal, de su piedad y de su regularidad atraía la confianza de los seminaristas, a quienes acompañaba en la dirección espiritual, les inculucaba el hábito de la piedad, del fervor, del recogimiemnto y del estudio, todo en pro de la causa de Dios y de las almas, a cuyo minsterio consgrarían después su vida.
Oblato de María Inmaculada
Don Albini, en lo más íntimo de sus ser, aspiraba a una mayor y completa donación a Dios. Se sentía atraído hacia la vida religiosa y apostólica. Cuando se encontraba en período de discernimiento mediante la oración ferviente y el consejo de sus superiores, he aquí un encuentro providencial: el P. de Mazenod, Fundador de los Oblatos, con uno de los suyos, fue llamado a predicar unos ejercicios espirituales a un grupo de hombres en Niza. Los acompaña Don Alibini. Edificado por la virtud y celo de los dos misioneros, atraído por el estilo de su predicación y su género de vida, solicita a su Obispo luz verde para unirse a ellos. Así el 17 de julio de 1824 inicia su noviciado en la Casa Madre de la Congregación, en Aix de Provenza, Francia.
Después de su primera oblación o profesión religiosa, habida cuenta de sus conocimientos y experiencia, le confían diversas tareas en extremo delicadas. Enseña Teología Moral a los escolásticos, traduce en un latín impecable las Constituciones y Reglas del Instituto, predica a menudo y pasa muchas horas en el confesionario de la iglesia de la Misión, ejerce de capellán en la cárcel, dirige tandas de ejecicios espirituales a las comunidades religiosas, catequiza a los pobres de la ciudad y se las ingenia para prestarles todo tipo de ayudas. Llega incluso a pedir limosna para ellos, pevio permiso de su superior. Éste afirmaba: "El P. Albini es un prodigio de santa actividad; yo le encargo muchas cosas y lo tengo muy ocupado, pero lo desempeña todo con sumo cuidado y destreza". Sin embargo su santa pasión son las misiones. Él había dicho adiós a su diócesis natal atraído precisamente por este ideal. Tendrá oportunidad de predicar más de una en Provenza y su entorno.
Marsella, el seminario y la obra de los tialianos
El 27 de octrube de 1827 se le envía al semnario mayor de Marsella, cuya dirección había sido confiada a los Oblatos, para enseñar Teología Moral. Pronto se le conoce como un profesor docto y humilde, experto y piadoso. Para prevenir a sus alumnos contra el rigorismo del jansenismo, tan dañino como extendido en el sur de Francia, introdujo una cosa tan nueva como atrevida para aquellos tioempos: la Teología Moral de S. Alfonso.
Otra labor apostólica que ocupó su tiempo y llenó de gozo su celoso corazón fue la obra de los italianos. Se habían establecido en Marsella una colonia de unos 7.000 connacionales suyos, en busca de trabajo y mejor nivel de vida. Eugenio de Mazenod, Vicario General de la diócesis y buen conocedor de la lengua de Dante por su permanencia en Italia durante los años de exilio, constató que estaban pastoralmente abandonados. Se entrega en cuerpo ya alma a ellos y surge una comunidad cristiana ferviente. No pudiendo abarcar todo por sus responabilidades de Vicario General de la diócesis y Superior General de la Congregación, cede esta labor al P. Alibini. Es incalculable el bien obrado por el P. Alibini en el seno de la colonia italiana. Su dedicación y entrega y algunos hecho prodigiosos que se le atribuían, daban a su ministerio popularidad y un prestigio extraordinario. Cuando se ve obligado a abandonar Marsella hacia su nueva misión, hay lágrimas y dramas por parte de sus paisanos.
Formador de sacerdotes
La Isla de Córcega, cedida a Francia por la República de Génova en 1798, seguía siendo italiana tanto por su lengua como por sus usos y costumbres. Cuando los Oblatos llegaron a la Isla la situación religiosa y moral ofrecía un espectáculo desolador. Los aspirantes al sacerdocio, por falta de seminario, no recibían una formación que los preparase para ejercer dignmanete el minsterio. No se predicaba la Palabra de Dios en ninguna parte. De ahí la ignorancia religiosa, el debilitamiento de la fe, el avance de la inmoralidad y la crueldad de costumbres. Para colmo reinaba como instituicón intocable la "vendetta" (venganza). Esta era para los corsos sagrada e implacable. Entre pueblo y pueblo, familia y familia, hasta que la sangre no hubiese lavado la afrenta, no había tregua. Urgía, pues, formar una nueva generación de pastores piadosos, instruidos y celosos que regenrasen la fe y costumbres.
En 1833, Mons. Casanelli, nombrado Obispo de toda la Isla, el primero después de la Revolución francesa, se dirigió enseguida al Superior General de los Misioneros Oblatos para que acudieran en su ayuda ante las aprmiantes necesidades de su diócesis. Lo primero que se pensó fue abrir un seminario. El P. Guibert, futuro Cardenal Arzobispo de París, fue designado como superior de los Oblatos. Lo primero que hizo fue crear desde cero el seminario mayor de Ajaccio, capital de la Isla. Le asignan, entre otros compañeros de equipo, al P. Albini, quien arriba en 1835. No se puede uno imaginar lo que le costó a él y sobre todo a los italianos de Marsella aquella salida... Ya había alertado el P. de Mazenod a Mons. Casanelli: "Es tal y tanto el bien que nuestro P. Albini ha, hecho en Marsella que, si lo saco de aquí, todos se me echarán encima. Pero es el hombre que realmente se necesita en Córcega y yo, sin más, se lo cedo". Y el P. Albini supo colmar las expectativas que habían puesto en él para restablecer la piedad, la regularidad y el nivel de estudios en el nuevo seminario.
El Misionero y Taumaturgo
Al final del curso de 1835-1836 el Obispo pidió al Fundador de los Oblatos que estableciera una residencia de Misioneros en un antiguo convento franciscano, abandonado tras la Revolución, en la graciosa villa de Vico, a unos 50 kilómetros de la Capital. Fue nombrado superior de esa nueva comunidad el P. Albini. Esto supuso un grave sacrificio para el P. Guibert al verse privado de su brazo derecho en el seminario. No precindiría de él totalmente y a menudo tenía que desplazarse a caballo entre Vico y Ajaccio.
En agosto de 1836 el P. Alibi, con otro compañero oblato, predica la primera misión en Moïta, cabeza de la comarca de Corte. Providencialmenrte reanudaban las misiones allí donde su predecesor, S. Leonardo de Puerto Mauricio, las había clausurado un siglo antes. Al la Misión de Moïta seguirán las de Canale, Linguizza, Coggia, Gaungo, Albertacio, Lietia, Speloncano, Niolo, Calcatoggio... Un sin fin de peblos diseminados por casi toda la Isla. Es difícil describir aquí lo que el Señor hizo mediante ese sacrificado y fructuoso ministerio. Al evocar esas misiones no podemos por menos de recordar tantos hechos admirables que acompañaron a los extraordinarios resultados de la predicación del P. Alibini y que le valieron el título de "Traumaturgo", algo que repugnaba a su profunda humildad. Se puede aplicar aquí lo que el Evangelista decía de los primeros Apóstoles: "Ellos predicaron por todas partes, con la ayuda del Señor, que confirmaba su palabra con los prodigios que los acompañaban" (Mc 16,20).
Muerte preciosa
Al volver a Vico, agotado por el trabajo apostólico y por su austeridad, cayo enfermo el 6 de noviembre de 1838. El médico, al auscultarlo, vio que llevaba un cilicio punzante y tuvo que prohibírselo. Entre altibajos de gravedad y mejoría, le llegó el "dies natalis", el día de su nacimiento para el Cielo el 20 de mayo de 1839. ¿Tuvo tal vez alguna visión en los últimos instantes de su vida? La expresión de su rostro, los suspiros de satisfacción y alegría, toda la actitud de su persona, inducían a pensar que Jesucristo le sonreía a aquel Siervo fiel y prudente que había conservado un corazón y un alma de niño inocente. Sus última palabras fueron: "Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi: In domum Domini ibimus", "Me alegro por aquello que se me ha dicho: Vayamos a la casa del Señor".
El proceso de su Causa estuvo un tiempo dormido, ahora aumenta de día en día su fama de santidad, gracias no sólo a los Oblatos de Vico, sino también a los laicos que han fundado recientemente una asociación viva y dinámica: Cunfraternità di u Padre Albini (ver foto más abajo). El fervor de los fieles obliga al Cielo a llover un sinfín de favores y gracias atribuidos a su intercesión. Ojalá haya entre ellos un milagro fehaciente que abra las puertas de su Beatificación.
Para saber más:
Prêtre, rien que ça, Louis Delarue,omi, Éditions Latines, Lyon 1960. L'Apostolo della Corsica, Gaetano Drago omi, Roma 1942 (existe un folleto-resumen en español). La vie meurveilleuse du P. Albini. Mazure omi, 1927. Apóstol incomparable, Hilario Balmes omi, traducción de Arturo Smith omi, Antofagas, Chile, 2001, y varias publicaciones menores más.
Novedad: La TV France 3, con la colaboración de la Cunfraternità, ha elaborado un documental de 52 minutos: "Padre Albini, l'apôtre de la Corse. Carnets d'un prêtre et missionaire dans la Corse du XIXe sècle". Tras visionarse en la Tele, se puede adquirir el DVD dedicho film (Ver "Noticias")
En la foto inferior, la Cunfraternita di u Padre Albini tras la celebración de la Eucaristía, presidida por el P. Joaquín Martínez Vega OMI, Postulador General (también en la foto), en la fiesta-memoria del Venerable Carlos Domingo Albini, ante la estatua de S. Eugenio de Mazenod. A la derecha, tumba del P. Albini.
(Vico, Córcega, 20 de mayo de 2007, fiesta-aniversario del P. Albini)
Favores y gracias recibidas por intercesión del P. Albini
“Sólo el de arriba…”
Desde hacía una semana estaba enfermo, no podía orinar. El médico pronosticó que la ciencia médica era impotente ante un caso así y acompañando sus palabras con un gesto, le dijo: “Sólo el de Arriba podría curarlo”. Los sufrimientos cada día se hacían más intensos. Su familia, desesperada, pero muy piadosa, había iniciado una novena en casa, ante una estampa del P. Albini. Por fin, el último recurso: ir al convento de los Oblatos de Vico y encargar una Misa que se celebraría en la misma habitación, ahora convertida en capilla, donde falleció el Siervo de Dios. Terminada la Misa, el paciente pudo orinar. Había sido “milagrosamente” curado, gracias a la intercesión del P. Carlos Domingo Albini. (M. C.).
“¡Ven a mi casa!”
Mi hijo mayor estaba a punto de casarse; pero no tenía un trabajo. Esto me preocupaba. Yo rezaba mucho pidiendo, por la intercesión del P. Albini, que mi hijo encontrara un empleo antes de casarse. Por entonces tuve un sueño en el cual vi al P. Albini que me decía: “¡Ven a mi casa!” Me despierto y se lo cuento a mi marido. Aquella misma mañana fuimos los dos al convento de Vico para contárselo a los Padres. Como no encontramos a ningún sacerdote, decidimos encender una vela y rezar ante la tumba del P. Albini. Al salir de la iglesia topamos con un Oblato y se lo contamos. Nos pidió que le relatáramos el sueño por segunda vez. Pero lo interesante fue que poco después mi hijo encontró un empleo antes de casarse y yo recobré la tranquilidad (A. P.).
Un adulto sale del coma
El 21 de julio de 1982 mi marido estaba desmontando un viejo armazón de madera para recuperar algunas vigas. Sin darse cuenta que estaba al borde, se tambaleó y cayó al vacío desde más de dos metros de altura y dio con la cabeza contra una roca. Unos jóvenes que estaban por allí lo vieron caer y nos llamaron inmediatamente. Lo llevamos al hospital de Ajaccio; pero entró en coma. El médico, al verlo tan grave y no pudiendo hacer nada, dudando que llegara con vida a Marsella, decidió enviarlo al hospital de Bastia. Lo llevaron en helicóptero. No pudiendo ir con él, mi hijo y yo nos fuimos en coche. Por eso, cuando llegamos a Bastia, ya había sido operado por el Dr. Ch. Ante la gravedad del caso y no pudiendo hacer nada más que rezar por él y esperar un milagro, mi hijo llamó al convento de Vico y pidió a los Padres que si fuera posible, le enviasen un trocito de la sotana del P. Albini. Ellos, muy comprensivos, vinieron y nos la trajeron a las once de la noche. La enfermera, muy amable, se la puso inmediatamente en el brazo, sujetándolo con un esparadrapo y lo tuvo mucho tiempo. Tres días después salía del coma y las operaciones subsiguientes se realizaron con éxito. “¡Gracias, Padre Albini!” (M. F. C.)
Una joven, más de un mes en coma
Mi nieta F. C. fue víctima de un grave accidente de circulación el 16 de abril de 1994. Tenía 18 años. Llevada por el servicio de urgencias, fue ingresada en el hospital. Los médicos se mostraron muy pesimistas en cuanto a la posibilidad de salir del coma.
El 20 de mayo de 1994, como todos los años, tomé parte en la peregrinación del P. Albini junto con mi cuñada E. A. Llegamos por la mañana temprano y ella fue a explicarle al P. Superior P. F. que mi nieta se hallaba en coma desde hacía más de un mes y que desearíamos que tuviera una intención especial por ella durante la Misa. Él aceptó amablemente. Sin embargo durante la celebración y contra todo pronóstico, él dio gracias al P. Albini por haber intercedido por la joven F. B. y anunció a toda la asamblea que había salido del estado comatoso. Ante esa equivocación incomprensible yo quedé profundamente turbada y me eché a llorar. Terminada la Misa, volví rápidamente a casa. Estaba abriendo la puerta, cuando oigo sonar el teléfono y corro a descolgarlo. Era mi hija A.M. quien me llamaba y me dice: “¡Mamá, F. ha salido del coma esta mañana, ella le dijo al médico: Buenos días, doctor, gracias!”.
Quedamos todos muy desconcertados por esa coincidencia y yo estoy persuadida que el P. F. no se equivocó sino que tuvo una inspiración por la intercesión del P. Albini para anunciar que mi nieta había salido del coma, en ese día de la fiesta del P. Albini. Acto seguido, volví al convento para dar testimonio de este hecho extraordinario ante el Superior.
Desde entonces, mi familia y yo misma, pero también la gente del pueblo, consideramos que el P. Albini intercedió por mi nieta. Hoy goza de buena salud, se ha casado y es madre de familia. (M. C.)
Un recién nacido llamado Domingo
“El que suscribe (padre de la criatura), declara que quiere dar a conocer a todos y describir en detalle la experiencia milagrosa de la que he sido testigo directo. Los hechos que narro pueden ser avalados por los registros administrativos oficiales, certificados médicos, ecografías, historial clínico…”
A continuación describe “la curación espontánea y totalmente imprevisible de mi hijo que nació en París el 29 de Enero de 1998. Esta curación se obtuvo, estoy convencido, gracias a Dios por intercesión del venerable Carlos Domingo Albini”.
La historia comienza en Ajaccio (Córcega) en diciembre de 1997, tras 37 semanas y cuatro días de gestación, en una ecografía prenatal del niño se constata serias patologías cardiovasculares en el feto. La historia termina en París, donde hubo que trasladarlo por prescripción facultativa para operarlo apenas naciera. Todo ocurre entre los días 28-29 de enero de 1998. “Una enfermera me pide los datos de mi hijo para proceder a la intervención del bebé apenas naciera, y yo, sin pensarlo, añado a los nombres elegidos para mi hijo el de Domingo, en honor del P. Albini. Ahí comenzó todo e inesperadamente, pues cuando lo examinan a la mañana siguiente para la delicadísima y arriesgada operación del corazón, se encuentran con la sorpresa de que toda patología había desaparecido. ¿Qué ocurrió? La curación milagrosa y total del mal constatado. El mal desapareció sin dejar la menor huella. La única huella que quedará para testimoniar este misterio es el nombre del P. Albini añadido al niño. (J-L. A., Profesor de Arte)
Curación de cáncer
Mi hermano C. Mª fue hospitalizado por problemas gástricos el 8 de octubre de 2002. Los análisis revelan un cáncer de íleon y lo operan el día 11. El 18 abandona la clínica; pero tiene que regresar el 22 debido a una oclusión intestinal. Nueva intervención y el cirujano dice que no hay ninguna esperanza de conservarlo con vida. Es entonces cuando mi sobrino me dio una estampa del P. Albini con un trocito de su sotana. Yo la metí en el bolsillo de su Albornoz, en el armario de su habitación y no la quitó ya más de allí. Durante cinco meses estuvo en cama, pero consciente. Complicaciones con una fístula, alimentado artificialmente, hemorragia intestinal permanente… Adelgazaba constantemente y perdimos toda esperanza. Pero estaba vivo. Nueva operación para eliminar la oclusión y cerrar la fístula. En vistas de su estado, temíamos lo peor por parte de los médicos, pero lo encomendamos al P. Albini y sobrevivió.
Mi sobrino me dijo que el 20 de mayo (fiesta-aniversario del P. Albini) había sido encomendado solemnemente durante la procesión a la gruta. Yo creo profundamente que C. Mª se ha beneficiado de tal intercesión. Volvió a casa y está en el pueblo con la familia. Su recuperación a lo largo de dos años y medio me parece hoy como una gracia de Dios. (P. C. Alcaldesa de E.)
